El tiempo de Saturno
Última actualización el Miércoles, 02 de Marzo de 2011 04:13 Escrito por Administrator Viernes, 31 de Julio de 2009 11:16
La felicidad se construye en base la sabiduría y la sabiduría solo se materializa cuando es compartida
Cada etapa vital ofrece oportunidades tanto para el aprendizaje como para el disfrute; los últimos tramos de la vida suelen conducirnos a experimentar todo tipo de vivencias, algunas incluso podrán ser muy intensas y enriquecedoras. Una de estas posibilidades es la de aprender a partir del vínculo con los nietos, que puede constituirse en el más placentero de todos los que hemos experimentado. Algunos abuelos lo saben y otros que aún no son abuelos fantasean con un futuro lleno de ternura, disfrute y felicidad cuando imaginan la vida con sus futuros nietos.
La vertiente psicológica de la astrología, nos brinda muchos conceptos especialmente aclaradores que pueden ayudarnos a comprender, entre otros temas, también el de nuestra abuelazgo Esta orientación astrológica designa a los planetas como símbolos que representan arquetipos, desde el punto de vista del inconsciente colectivo y una función psíquica, desde el punto de vista individual. Richard Tarnas, define al arquetipo “…como un principio o fuerza universal que afecta –impulsa, estructura, impregna- la psique humana y el mundo de la experiencia humana en muchos niveles. Toda realidad psíquica se halla gobernada por una u otra fantasía arquetípica”.
Desde este punto de vista los diez planetas que se toman en cuenta en Astrología pueden ser considerados como arquetipos, cada uno de ellos simboliza algún aspecto de nuestra estructura psíquica, de nuestro comportamiento y a su vez está en correspondencia con fuerzas presentes en la vida. Es mucho lo que podemos observar en nuestra Carta Natal acerca de nosotros como abuelos, de nuestros propios abuelos, de la familia en general, nos centraremos en Saturno, como una de tantas puertas que podemos abrir para comprender la condición de abuelazgo. Este símbolo astrológico encarna el arquetipo del “Sabio viejo” y los principios del límite, el sostén, la estructura, el tiempo, la edad, la madurez, el fin de las cosas, la vejez, la autoridad, la soledad, la culpa, el deber ser, la inhibición, la sabiduría, la cosecha del tiempo.
Es difícil describir una situación que por sí misma represente uniformemente la experiencia de ser abuelos en la actualidad, que abarque claramente un arquetipo de abuelo único y fácil de asumir y de vivir. ¿Qué papel tendremos que representar cuando somos abuelos si pensamos que en la actualidad ya no tienen vigencia personajes tales como el de la abuela tierna que cuenta cuentos y teje en la mecedora o el abuelo bonachón que fuma en pipa?
Pensemos en una de las funciones atribuidas a Saturno, la que se refiere a los límites. A todos nos resulta difícil tanto el establecer límites a los demás como conocer y respetar los propios. Los abuelos de hoy muchas veces se ven obligados a decidir sobre los límites que seguirán estableciendo a sus hijos: seguir o no seguir aportando a la economía de hijos, establecer horarios y funciones para el cuidado de los nietos; establecer límites en las conductas de sus nietos. Lejos de ser una tarea que comienza cuando somos padres y termina allí, la acción de limitar -que significa también ordenar y estructurar- es necesaria a lo largo de toda la vida y debería formar parte de todos los vínculos. Saturno simboliza los límites pero también el criterio de realidad: comprobaremos con el tiempo que todo límite que no hayamos establecido claramente, reaparece como conflicto en la generación de nuestros nietos.
Veamos qué ocurre con el tiempo, representado también por Saturno. Los abuelos antes eran viejos a edades pautadas más fijamente, pero ahora la vida se alargó y ya no está claro hasta cuándo se es joven. También se presenta la situación en la que muchos son padres a edades muy tempranas convirtiendo a sus padres en abuelos demasiado jóvenes. Ocurre entonces que los abuelos de hoy suelen ser vitales y están ocupados en su vida personal. Nada de malo hay en ello, esto sería deseable, salvo porque se confunden aquí también las dificultades personales para asumir el paso del abuelos_2tiempo y la mayor proximidad de la muerte. ¿Cuál es el resultado de esto? Vemos abuelos que desconocen su experiencia y rechazan su abuelidad. “No me llames abuela…”, dicen, como si el término tuviera una connotación negativa, como si se pudiera desconocer la realidad. De esta forma algunos abuelos reniegan de ejercer la función de tales, función verdaderamente necesaria para las generaciones posteriores. Si la vejez se asocia hoy en día al deterioro y no al respeto por la experiencia pasada, se genera un eslabón perdido en la continuidad de las generaciones.
¿Qué podemos decir acerca de la sabiduría encarnada en el viejo? ¿Quien es hoy en día el anciano de la aldea, el que todos escuchan, de quien todos aprenden? Mejor dicho: ¿Vemos la necesidad de aprender de los mayores? Viejo es quien vivió más, quien atravesó más experiencias, quien puede llegar a ser más sabio, quien tendría la capacidad de sintetizar el conocimiento y de enriquecer el presente de una sociedad, es quien puede poseer gran parte de la memoria de un grupo social.
Veamos qué ocurre con la autoridad. ¿Quién decide cuáles son las reglas y los límites? ¿Abuelos rígidos y autoritarios, o hijos de los 60 permisivos e ilimitados? Nuevamente, como en otras áreas de la vida, las dificultades pueden darse tanto por exceso como por carencia Se entretejen así las diferentes situaciones generacionales, padres criados en el autoritarismo no desean repetir el dolor que han sufrido y han sido dubitativos a la hora de poner límites. Los abuelos a menudo entristecen al observar, tal como si fueran testigos “objetivos”, cómo sus propios hijos no limitan a sus hijos perdiendo así su autoridad en el acto y se sienten culpables por no haber podido ofrecer un buen modelo, quedando así auto invalidados para actuar.
Además, con la complejidad de la vida contemporánea: ¿Quién puede definir con exactitud quién estaría calificado en nuestros días para sumir una autoridad que provenga de la sabiduría? De ahí en más siguen las distorsiones, vemos abuelos que toman la autoridad sobre sus nietos cuando no es debido, o por el contrario, asumen todas las responsabilidades de crianza pero son plenamente descalificados por sus propios hijos, aún en las cuestiones en las que sería esperable que los abuelos intervinieran en función de la autoridad que les confiere la edad y la experiencia.
¿Qué podemos hacer frente a una situación que parece consumada? Mucho podemos reparar, en pro de nosotros mismos y del bien colectivo: los arquetipos son plásticos, representan formas perdurables pero pueden ser puestos en acción y ser re-interpretados a través de la inteligencia humana, podemos hacer consciente lo inconsciente, dejar de ser manejados como marionetas por estos “programas” prefijados.
Dicho en términos astrológicos populares: tenemos que “trabajar” nuestro Saturno, y, aunque no siempre el viejo sabe más que el joven, podemos rescatar aún la confianza en nuestra propia sabiduría. Las siguientes son algunas sugerencias que pueden ayudar en el camino:
* La sociedad moldea lo que pensamos, al punto tal que solemos aceptar ciertos hechos como naturales, “los chicos de hoy son así”, esas ideas parecen envolvernos hasta hacernos pensar que con esas afirmaciones termina toda forma de planteo y discusión. Pero podemos abrir la cuestión si reconocemos que nosotros mismos somos la sociedad.
* Podemos reunirnos en grupos de discusión o aprovechar los espacios sociales a los que pertenecemos, para revisar estos temas acompañados por otros y así “comenzar a dar las cartas” otra vez, otros como nosotros pueden ayudarnos a hacer el trabajo que nos pide la vida que sigamos haciendo aún al envejecer.
* Nunca es tarde para demarcar territorio, para animarnos a limitar a los demás a pesar de las consecuencias que sobrevienen, aunque estos efectos puedan ser a veces la amenaza de ser apartados de los seres queridos, de perder la posibilidad de relacionarnos con los nietos porque a nuestros hijos puede llegar a no gustarles que impongamos nuestros propios límites. Todo límite, aunque parezca tardío, puede ser el ejemplo que los demás necesitan para salir de su propia confusión.
* Revisar nuestra historia personal y nuestros determinantes inconscientes, con el objetivo de convertir las culpas en actos reparadores.
* No olvidemos que limitar no es maltratar, es contener. Esto implica que tendremos que imponer nuestras ideas, aprender a confiar que ser responsables, autolimitados y realistas nos hace fuertes y puede enseñar también a los demás, justamente a nuestros seres queridos, a serlo.
* Saber que el que comprende los límites, lejos de achicarse y empequeñecerse, luego sabrá auto sostenerse.
Toda tarea inconclusa, tal como la que evocamos a través de Saturno, representa una oportunidad para reparar aquello que no hemos hecho: todo “Saturno” que aún trabajemos con nuestros hijos recaerá en la vida de nuestros nietos a través de la crianza que ellos le provean; si no recuperamos territorio, perderemos un terreno fértil para nuestra propia evolución.
Desde este punto de vista los diez planetas que se toman en cuenta en Astrología pueden ser considerados como arquetipos, cada uno de ellos simboliza algún aspecto de nuestra estructura psíquica, de nuestro comportamiento y a su vez está en correspondencia con fuerzas presentes en la vida. Es mucho lo que podemos observar en nuestra Carta Natal acerca de nosotros como abuelos, de nuestros propios abuelos, de la familia en general, nos centraremos en Saturno, como una de tantas puertas que podemos abrir para comprender la condición de abuelazgo. Este símbolo astrológico encarna el arquetipo del “Sabio viejo” y los principios del límite, el sostén, la estructura, el tiempo, la edad, la madurez, el fin de las cosas, la vejez, la autoridad, la soledad, la culpa, el deber ser, la inhibición, la sabiduría, la cosecha del tiempo.
Es difícil describir una situación que por sí misma represente uniformemente la experiencia de ser abuelos en la actualidad, que abarque claramente un arquetipo de abuelo único y fácil de asumir y de vivir. ¿Qué papel tendremos que representar cuando somos abuelos si pensamos que en la actualidad ya no tienen vigencia personajes tales como el de la abuela tierna que cuenta cuentos y teje en la mecedora o el abuelo bonachón que fuma en pipa?
Pensemos en una de las funciones atribuidas a Saturno, la que se refiere a los límites. A todos nos resulta difícil tanto el establecer límites a los demás como conocer y respetar los propios. Los abuelos de hoy muchas veces se ven obligados a decidir sobre los límites que seguirán estableciendo a sus hijos: seguir o no seguir aportando a la economía de hijos, establecer horarios y funciones para el cuidado de los nietos; establecer límites en las conductas de sus nietos. Lejos de ser una tarea que comienza cuando somos padres y termina allí, la acción de limitar -que significa también ordenar y estructurar- es necesaria a lo largo de toda la vida y debería formar parte de todos los vínculos. Saturno simboliza los límites pero también el criterio de realidad: comprobaremos con el tiempo que todo límite que no hayamos establecido claramente, reaparece como conflicto en la generación de nuestros nietos.
Veamos qué ocurre con el tiempo, representado también por Saturno. Los abuelos antes eran viejos a edades pautadas más fijamente, pero ahora la vida se alargó y ya no está claro hasta cuándo se es joven. También se presenta la situación en la que muchos son padres a edades muy tempranas convirtiendo a sus padres en abuelos demasiado jóvenes. Ocurre entonces que los abuelos de hoy suelen ser vitales y están ocupados en su vida personal. Nada de malo hay en ello, esto sería deseable, salvo porque se confunden aquí también las dificultades personales para asumir el paso del abuelos_2tiempo y la mayor proximidad de la muerte. ¿Cuál es el resultado de esto? Vemos abuelos que desconocen su experiencia y rechazan su abuelidad. “No me llames abuela…”, dicen, como si el término tuviera una connotación negativa, como si se pudiera desconocer la realidad. De esta forma algunos abuelos reniegan de ejercer la función de tales, función verdaderamente necesaria para las generaciones posteriores. Si la vejez se asocia hoy en día al deterioro y no al respeto por la experiencia pasada, se genera un eslabón perdido en la continuidad de las generaciones.
¿Qué podemos decir acerca de la sabiduría encarnada en el viejo? ¿Quien es hoy en día el anciano de la aldea, el que todos escuchan, de quien todos aprenden? Mejor dicho: ¿Vemos la necesidad de aprender de los mayores? Viejo es quien vivió más, quien atravesó más experiencias, quien puede llegar a ser más sabio, quien tendría la capacidad de sintetizar el conocimiento y de enriquecer el presente de una sociedad, es quien puede poseer gran parte de la memoria de un grupo social.
Veamos qué ocurre con la autoridad. ¿Quién decide cuáles son las reglas y los límites? ¿Abuelos rígidos y autoritarios, o hijos de los 60 permisivos e ilimitados? Nuevamente, como en otras áreas de la vida, las dificultades pueden darse tanto por exceso como por carencia Se entretejen así las diferentes situaciones generacionales, padres criados en el autoritarismo no desean repetir el dolor que han sufrido y han sido dubitativos a la hora de poner límites. Los abuelos a menudo entristecen al observar, tal como si fueran testigos “objetivos”, cómo sus propios hijos no limitan a sus hijos perdiendo así su autoridad en el acto y se sienten culpables por no haber podido ofrecer un buen modelo, quedando así auto invalidados para actuar.
Además, con la complejidad de la vida contemporánea: ¿Quién puede definir con exactitud quién estaría calificado en nuestros días para sumir una autoridad que provenga de la sabiduría? De ahí en más siguen las distorsiones, vemos abuelos que toman la autoridad sobre sus nietos cuando no es debido, o por el contrario, asumen todas las responsabilidades de crianza pero son plenamente descalificados por sus propios hijos, aún en las cuestiones en las que sería esperable que los abuelos intervinieran en función de la autoridad que les confiere la edad y la experiencia.
¿Qué podemos hacer frente a una situación que parece consumada? Mucho podemos reparar, en pro de nosotros mismos y del bien colectivo: los arquetipos son plásticos, representan formas perdurables pero pueden ser puestos en acción y ser re-interpretados a través de la inteligencia humana, podemos hacer consciente lo inconsciente, dejar de ser manejados como marionetas por estos “programas” prefijados.
Dicho en términos astrológicos populares: tenemos que “trabajar” nuestro Saturno, y, aunque no siempre el viejo sabe más que el joven, podemos rescatar aún la confianza en nuestra propia sabiduría. Las siguientes son algunas sugerencias que pueden ayudar en el camino:
* La sociedad moldea lo que pensamos, al punto tal que solemos aceptar ciertos hechos como naturales, “los chicos de hoy son así”, esas ideas parecen envolvernos hasta hacernos pensar que con esas afirmaciones termina toda forma de planteo y discusión. Pero podemos abrir la cuestión si reconocemos que nosotros mismos somos la sociedad.
* Podemos reunirnos en grupos de discusión o aprovechar los espacios sociales a los que pertenecemos, para revisar estos temas acompañados por otros y así “comenzar a dar las cartas” otra vez, otros como nosotros pueden ayudarnos a hacer el trabajo que nos pide la vida que sigamos haciendo aún al envejecer.
* Nunca es tarde para demarcar territorio, para animarnos a limitar a los demás a pesar de las consecuencias que sobrevienen, aunque estos efectos puedan ser a veces la amenaza de ser apartados de los seres queridos, de perder la posibilidad de relacionarnos con los nietos porque a nuestros hijos puede llegar a no gustarles que impongamos nuestros propios límites. Todo límite, aunque parezca tardío, puede ser el ejemplo que los demás necesitan para salir de su propia confusión.
* Revisar nuestra historia personal y nuestros determinantes inconscientes, con el objetivo de convertir las culpas en actos reparadores.
* No olvidemos que limitar no es maltratar, es contener. Esto implica que tendremos que imponer nuestras ideas, aprender a confiar que ser responsables, autolimitados y realistas nos hace fuertes y puede enseñar también a los demás, justamente a nuestros seres queridos, a serlo.
* Saber que el que comprende los límites, lejos de achicarse y empequeñecerse, luego sabrá auto sostenerse.
Toda tarea inconclusa, tal como la que evocamos a través de Saturno, representa una oportunidad para reparar aquello que no hemos hecho: todo “Saturno” que aún trabajemos con nuestros hijos recaerá en la vida de nuestros nietos a través de la crianza que ellos le provean; si no recuperamos territorio, perderemos un terreno fértil para nuestra propia evolución.











