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La huella de las palabras

El acto de la comunicación comienza cuando somos conscientes de lo que nos decimos a nosotros mismos. Esta es la práctica de observar no solo lo que decimos, sino de cómo, cuándo, a quién y porqué.

huellas_de_las_palabras_2A las palabras no se las lleva el viento, no son invisibles, tienen consistencia y ocupan un lugar en nuestro espacio interno. Una vez pronunciadas u oídas dejan huellas cuyos efectos persisten mucho tiempo, a modo de sombras crecen en nuestra mente y desde allí tanto pueden dañarnos como afianzarnos. Por eso es indispensable practicar el cuidar lo que decimos tanto como el protegernos de lo que los demás nos dicen.
Palabras amorosas perduran en nosotros como un bálsamo que nos alivia en los peores momentos. Otras en cambio duran en su sabor amargo prolongando en nosotros la burla, la descalificación y una violencia frontal o encubierta que es ejercida detrás de un aparente amor o de la intención de ayudarnos. Estamos intoxicados de palabras que poco hemos revisado.

A menos que nos golpeen directamente sobre nuestro cuerpo, no solemos damos cuenta de lo necesario que es que a nuestro alrededor exista un espacio en el que nadie pueda entrar si su intención es dañarnos. Como esta zona no está demarcada con bordes que puedan percibir los ojos y como la vida nos obliga a estar atentos a demasiadas cosas, las palabras dañinas suelen encontrarnos desprevenidos.

Quienes abiertos se entregan por completo cuando hablan con los demás y creen que los otros hacen lo mismo. La clave será entonces la de saber que con algunas personas podremos estar completamente relajados mientras que otras nos manipularán con las palabras, no obstante sean seres de nuestro entorno cercano. Los gestos, los tonos de voz, suelen ser más corrosivos que las palabras en sí mismas.

Basados en el mandato “hay que hablar siempre con la verdad”, algunos nos imponen sus ideas hasta el punto en el que logran hacernos desistir de nosotros mismos. La verdad es provisoria, nunca es completa o exacta y nadie, aunque se adjudique su autoría, la posee en su totalidad. De modo que lo único que se puede afirmar al decir que se está hablando en nombre de la verdad es que existe la intención de ser precisos y honestos, lo contrario es imponer un dogma que, a la manera de un arma peligrosa, nos atrapa en nuestra ingenuidad.

A veces nos sentimos obligados a expresar todo lo que pensamos motivados por la creencia de que si nos guardamos información estamos siendo mentirosos. Contrariamente, “guardar” las palabras puede implicar que somos cuidadosos y que buscamos la forma de poder expresarnos en contextos más apropiados y saludables.

Puede ocurrir que la otra persona no nos quiera oír. Si lo que tenemos que decir es verdaderamente importante, encontraremos otras ocasiones para expresarnos. En otras ocasiones, sentiremos la obligación de hablar más allá de si a la otra persona le agrada o no lo que tenemos para decir. Entonces será necesario elegir las palabras que vamos a usar para que sean claras, duras si es necesario, o intensas; aunque es importante que no sean autoritarias, a pesar de que a veces nos sintamos así. Si es a modo de justa defensa, no estará mal que contengan cierto enojo algunas veces, pero no tienen porqué ser persecutorias o sarcásticas.

Otras veces, lo mejor que podemos hacer es expresar manifiestamente que aún no podemos ser claros. No hallaremos palabras más dulces que éstas porque nos traerán alivio y la posibilidad de postergar la comunicación para cuando no nos hallemos tan alejados de nuestro centro interior.
Otras veces somos impulsivos y decimos “justo” aquello no deberíamos decir. Es mejor reparar las cosas de alguna forma, ya que no hacer nada nos llevará al auto reproche y a la culpa y ésta en sí misma es una emoción que nos confunde mucho más.
Paradójicamente, las buenas palabras se cultivan en el silencio más profundo, y por ello consideremos que la mayor influencia la tenemos sobre nosotros mismos. Solo a partir del trabajo interno, hallaremos la forma de confiar en las palabras, estas siempre nos hablarán del lugar exacto en el que nos encontramos en el momento presente, conectándonos profundamente con la realidad.

Fanny Libertun
Revista Uno Mismo, febrero 2011




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Comentarios  

 
0 #3 minfaya 07-02-2012 11:30
la palabra y la verdad
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0 #2 Fanny Libertun 19-10-2011 16:00
Gracias, Teresa, por tus "palabras" cariñosas. Un abrazo
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+1 #1 Teresa 11-10-2011 11:08
Gracias por estas enseñanzas. Son muy claras. Con cariño. Teresa
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