MINDFULNESS Y LOS SENTIDOS
Guardo en mi corazón
todo cuanto mis ojos y mis oídos
pudieron percibir.
Durante el año me retuvieron
asuntos de la vida.
Hoy, ¡por fin! tuve la
oportunidad de alejarme.
¿Si no has agotado el alcance
de la vista y el oído
cómo puedes comprender
la amplitud del mundo?
Po Chü-i (772–846)

¿Notaron cuántas veces alguien se acaba de presentar y ustedes ya no recuerdan el nombre? ¿Cuántas veces dejaron de escuchar a alguien porque dieron por supuesto que ya sabían lo que esa persona iba a decir?¿Pueden recordar un momento en el que realmente sientan que han sido escuchados? ¿Cómo fue la situación? ¿Con quién estaban? ¿Cómo se siente el ser verdaderamente escuchado? ¿Sentimos que merecemos realmente ser escuchados o pensamos que no somos lo suficientemente inteligentes como para que valga la pena emitir alguna palabra para establecer una comunicación con las otras personas?
¡Es tan común que nos cueste escuchar! Ponemos los teléfonos sobre la mesa de la cena como si fuera un cubierto más o dejamos el televisor prendido mientras compartimos espacios con otras personas. Una impresionante cantidad de estímulos mantiene alertas a nuestros oídos, que se suman a los pensamientos y sentimientos que tenemos a lo largo del día haciéndonos difícil o imposible el que podamos sostener las múltiples tareas que debemos realizar.
¿Cómo se puede escuchar con plena atención? En una práctica constante a partir de la cual aprendemos a no dejarnos ir detrás de los pensamientos y a no pensar -en el tiempo presente- en qué será lo que diremos luego. Ofrecer nuestra plena atención a partir del contacto con los ojos, y de nuestra decisión conciente de poner nuestro interés al servicio de escucha. Practicar es escuchar notando el momento en el que nos hemos distraído y volver a la situación
Esta práctica puede ayudarnos a construir nuestras relaciones con los otros y con nosotros mismos. Es bueno observarnos para ver la forma en que muchas veces estamos más preocupados en hablar y menos en escuchar lo que otros dicen, como tan claramente lo expresó Mark Twain: “si fuéramos llamados a hablar más que a escuchar, tendríamos dos bocas y una sola oreja”.
Si notamos que los pensamientos nos llevan, cultivando esta forma de atención, podremos proporcionarnos una oportunidad de ejercitar el ser amables con nosotros mismos –frecuentemente oscurecida por nuestra dispersión- y así disfrutar de la música de otros pueden ofrecernos.










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