Plena conciencia en los vínculos
¿Porqué nos llevamos a veces tan mal con los demás? El tema es tan extenso y tan complejo, que muy difícilmente alguien pueda conocerlo en su totalidad. Podemos tomar en cuenta causas sociales, prejuicios cognitivos, detonantes culturales, causas psicológicas individuales, y así en más. Toda vez que se desencadena algún conflicto interpersonal, se impone volver a pensar el contexto, y cada situación, de modo que una u otra explicación, a veces un conjunto combinado de aspectos, nos darán la clave para su tratamiento y resolución.
Una de las causas por las que solemos tener problemas vinculares es nuestra tendencia a reaccionar sin que medie un proceso de comprensión de la situación, ni un tiempo entre aquello que nos desequilibra y nuestra propia reacción. ¿Cuántas veces son nuestras interpretaciones sobre los hechos más que los hechos en sí los que nos hacen sentir heridos? ¿Cuántas veces son las viejas heridas provocadas por el maltrato sufrido en el pasado, las que nos dictan nuestras reacciones sin que podamos participar activa y conscientemente en la situación? Luego nos damos cuenta, nos arrepentimos y también nos lamentamos de haber actuado mal, agregando una cuota de dolor provocado por una auto-crítica tan severa que nunca da paso a la comprensión. ¿Quién alguna vez no se dijo a sí mismo “soy tonto, impulsivo o inadecuado” al notarse “fallar” en alguna interacción social?
Bastan solo décimas de segundos para que nuestras viejas pautas de reacción emocional se desplieguen frente a los otros encendidas por el combustible de nuestras emociones difíciles: viejos temores, enojos no resueltos, y una ansiedad desmedida, nos llevan a ofender, a maltratar, a lo que no queremos ni debemos hacer o decir. Ocurre lo mismo en el sentido contrario, ya que los demás suelen herirnos hasta lo más profundo, causándonos un dolor que podría ser innecesario. Esta dinámica reactiva nos quita libertad y erosiona la naturaleza delicada y frágil de todas las relaciones, por lo que luego se hará más difícil sentir amor y compasión, dejándonos en la tristeza que caracteriza un corazón cerrado.
Además de la carga emocional que llevamos, la reactividad depende y se nutre también de la ignorancia o el desconocimiento que tenemos acerca de cómo ésta nos lleva a repetir la reacción una y otra vez, como si fuéramos máquinas.
Contrariamente, Mindfulness es un tipo especial de atención caracterizada por la actitud de apertura, curiosidad y aceptación. Nos ayuda a darnos cuenta de cuáles son nuestros pensamientos, sentimientos, sensaciones físicas y percepciones sensoriales de acuerdo a como los estamos teniendo en el momento presente. Es prestar una atención extraordinaria a las experiencias ordinarias, incluyendo al mundo agitado y complejo en el que desarrollan nuestras relaciones sociales.
¿Cuántas veces nos sentimos mal luego de una interacción y ni siquiera nos damos cuenta? Se nos cierra la garganta, o nos sentimos molestos y, al no haber podido tomar conciencia de las sensaciones, impregnamos nuestro día de un malestar que nace en la distracción. Contrariamente, al prestar atención plena, sabemos cómo nos sentimos, que ocurre en nuestro cuerpo a medida que vamos viviendo, aprendemos a reconocer las reacciones en el presente en el momento en el que van surgiendo, de forma que vamos aprendiendo a reemplazar la inconsciencia por la plena presencia. Surge así la posibilidad de investigar qué es lo que nos está ocurriendo, sin rechazar la experiencia y sin juzgarla, único camino para alejarnos del malestar innecesario por medio de la aceptación, base de la investigación conscidente de la realidad.
Mindfulness es una cualidad que se desarrolla en una práctica, pero que más que una ejercitación cuyo objetivo es practicar algunas veces, consiste en una forma de vida basada en el presente y en el constante re-aprendizaje de los condicionamientos y habitos por vía de la atención.
Con Mindfulness, logramos un estado que nos hace más receptivos a sintonizar con nosotros mismos, única manera de establecer relaciones plenas con los demás.
Una de las causas por las que solemos tener problemas vinculares es nuestra tendencia a reaccionar sin que medie un proceso de comprensión de la situación, ni un tiempo entre aquello que nos desequilibra y nuestra propia reacción. ¿Cuántas veces son nuestras interpretaciones sobre los hechos más que los hechos en sí los que nos hacen sentir heridos? ¿Cuántas veces son las viejas heridas provocadas por el maltrato sufrido en el pasado, las que nos dictan nuestras reacciones sin que podamos participar activa y conscientemente en la situación? Luego nos damos cuenta, nos arrepentimos y también nos lamentamos de haber actuado mal, agregando una cuota de dolor provocado por una auto-crítica tan severa que nunca da paso a la comprensión. ¿Quién alguna vez no se dijo a sí mismo “soy tonto, impulsivo o inadecuado” al notarse “fallar” en alguna interacción social?
Bastan solo décimas de segundos para que nuestras viejas pautas de reacción emocional se desplieguen frente a los otros encendidas por el combustible de nuestras emociones difíciles: viejos temores, enojos no resueltos, y una ansiedad desmedida, nos llevan a ofender, a maltratar, a lo que no queremos ni debemos hacer o decir. Ocurre lo mismo en el sentido contrario, ya que los demás suelen herirnos hasta lo más profundo, causándonos un dolor que podría ser innecesario. Esta dinámica reactiva nos quita libertad y erosiona la naturaleza delicada y frágil de todas las relaciones, por lo que luego se hará más difícil sentir amor y compasión, dejándonos en la tristeza que caracteriza un corazón cerrado.
Además de la carga emocional que llevamos, la reactividad depende y se nutre también de la ignorancia o el desconocimiento que tenemos acerca de cómo ésta nos lleva a repetir la reacción una y otra vez, como si fuéramos máquinas.
Contrariamente, Mindfulness es un tipo especial de atención caracterizada por la actitud de apertura, curiosidad y aceptación. Nos ayuda a darnos cuenta de cuáles son nuestros pensamientos, sentimientos, sensaciones físicas y percepciones sensoriales de acuerdo a como los estamos teniendo en el momento presente. Es prestar una atención extraordinaria a las experiencias ordinarias, incluyendo al mundo agitado y complejo en el que desarrollan nuestras relaciones sociales.
¿Cuántas veces nos sentimos mal luego de una interacción y ni siquiera nos damos cuenta? Se nos cierra la garganta, o nos sentimos molestos y, al no haber podido tomar conciencia de las sensaciones, impregnamos nuestro día de un malestar que nace en la distracción. Contrariamente, al prestar atención plena, sabemos cómo nos sentimos, que ocurre en nuestro cuerpo a medida que vamos viviendo, aprendemos a reconocer las reacciones en el presente en el momento en el que van surgiendo, de forma que vamos aprendiendo a reemplazar la inconsciencia por la plena presencia. Surge así la posibilidad de investigar qué es lo que nos está ocurriendo, sin rechazar la experiencia y sin juzgarla, único camino para alejarnos del malestar innecesario por medio de la aceptación, base de la investigación conscidente de la realidad.
Mindfulness es una cualidad que se desarrolla en una práctica, pero que más que una ejercitación cuyo objetivo es practicar algunas veces, consiste en una forma de vida basada en el presente y en el constante re-aprendizaje de los condicionamientos y habitos por vía de la atención.
Con Mindfulness, logramos un estado que nos hace más receptivos a sintonizar con nosotros mismos, única manera de establecer relaciones plenas con los demás.












