Todos somos distraídos
¿Cuántos errores cometemos y cuánto sufrimos a causa de nuestra tendencia a distraernos? La distracción suele ser un campo propicio para que se produzcan grandes o pequeños accidentes en una sociedad, para que se generen problemas en la comunicación: “te lo dije…no me lo dijiste…. es que no me escuchaste”. ¿Cuántos diálogos entre sordos -que en realidad no lo son - se producen a diario? ¿Cuántas veces decimos “no me entienden” cuando en realidad sentimos que la cuestión pasa por un “no me atienden”? No solo padecemos la desatención en nuestras relaciones afectivas más cercanas, sino que esta condición suele hacer muy difíciles las interacciones con las demás personas en la calle, en nuestros contextos laborales
¿Por qué nos distraemos? Algunos factores tienen relación con el embotamiento que nos produce vivir en esta sociedad globalizada: el exceso de información, de exigencias laborales y de consumo, dan como resultado que estemos expuestos a una infinita cantidad de estímulos que superan en mucho nuestra capacidad para metabolizarlos, quedamos así confundidos y distraídos. Otras causas residen en nosotros mismos y se vinculan a nuestra tradicional tendencia a huir de lo desagradable y de nuestro dolor: sin darnos cuenta no lo enfrentemos y sus razones quedan ocultas en nuestro inconsciente, absorbiendo desde esa instancia nuestra capacidad para prestar atención.
Muchas personas viven distraídas sin siquiera percatarse que lo están. Prestar atención no solo es saber focalizarla en ciertos objetos en particular, sino que constituye un acto completo de conexión con la realidad, de conciencia de nosotros mismos y de nuestro estar y existir en el presente. Desde esta perspectiva es un error pensar que es suficiente tener un alto cociente intelectual o ser un profesional exitoso para también ser experto en prestar atención: muchos a los que no solemos considerar distraídos no pasarían las pruebas menos exigentes a la hora de evaluar el manejo de las propias emociones, a las que solo accedemos cuando prestamos verdadera atención.
¿Qué podemos hacer entonces con respecto a nuestra tendencia a distraernos?
Imaginemos una escena posible, aunque no usual, en la que el maestro comienza el día de clases diciendo a sus alumnos: “Antes de empezar a hablar de lo extenso que es el mundo o de lo larga que es la historia, miremos hacia adentro... cierren los ojos y observen cómo se sienten hoy…traten de percibir si están preparados o no para trabajar, si están preocupados por algo que les haya ocurrido antes de venir acá…o si verdaderamente solo tienen su cuerpo acá mientras la mente está en otro lugar”.
Podemos también imaginar una escena que sucede en una mesa familiar: nadie interrumpe a nadie y todos tienen espacio para prestase y prestarle atención a los demás, sabiendo que cuentan con tiempo para organizar sus ideas y luego compartirlas con serenidad con sus seres queridos.
La gran difusión que tiene la Meditación en la actualidad, es un síntoma que anuncia que estamos tratando de hacer cambios colectivos, muchos saben ya que es este el proceso que nos permite educar la atención y conocer nuestra propia mente. Imaginemos entonces también a la Meditación formando parte de la vida diaria, de nuestras escuelas, de nuestros vínculos personales, imaginemos cómo meditamos o contemplamos la vida cuando nos levantamos, a lo largo del día, antes de acostarnos, mientras estamos solos, cuando interactuamos con otros.
Decimos “prestar atención” como si pudiéramos cederla a otros y quedarnos mientras tanto sin ella, cuando es todo lo contrario: la atención se desarrolla en un proceso creativo, nos contacta profundamente con nuestro propio ser, con nuestro cuerpo, nos abre a la belleza de la vida, a la par que nos ayuda a relacionarnos amigablemente con nuestras emociones.
Cuando estamos distraídos, funcionamos como si fuéramos millonarios viviendo en medio de la pobreza, no importa cuánto tengamos, no nos daremos cuenta. Contrariamente, la capacidad para prestar atención es la llave que nos abre a la vida en su totalidad, a la realidad y por lo tanto es el acceso a nuestra libertad.


